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viernes, 5 de octubre de 2012

NÉMESIS, Philip Roth








NÉMESIS

En la mitología griega, Némesis es la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza y la fortuna. Castigaba a los que no obedecçian a quienes tenían derecho a mandales y a los hijos desobedientes a sus padres. Némesis sancionaba la desmesura y no permitía que las personas fueran demasiado afortunadas y en su intención de preservar el equilibrio universal, podía provocar la ruina de quienes habían sido favorecidos por la fortuna.



PHILIP MILTON ROTH 
(Newark, Nueva Jersey, 19 de marzo de 1933)


Philip Roth creció en el barrio Weequaihc de Newark, como segundo hijo de una familia judía recién emigrada de Galitzia, región entre Ucrania y Polonia. Estudió literatura inglesa y fue profesor de escritura creativa y literatura en la universidad.
Antes de escribir su primera novela, estuvo en el Ejército de los EEUU. 
Empezó escribiendo cuentos y críticas para revistas. Su primer libro, Goodbye Columbus, ganó el National Book Award en 1960, pero fue con su tercera novela, El mal de Portnoy, en 1969 cuando conoció el éxito tanto en ventas como en crítica.
A partir de los años 80, experimenta con la sátira social y comienza a tratar la historia judía en los EEUU, consiguiendo gran éxito con su Trilogía Americana (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana).
Y es que gran parte de sus novelas reflejan los problemas de asimilación de identidad de los judíos estadounidenses, vinculando su obra con otros autores como Saul Bellow o Bernard Malamund.
Además, explora la naturaleza del deseo sexual y la autocomprensión de tal manera que resulta ser un maestro a la hora de expresar las ansiedades, los miedos, los esplendores y las miserias de la sociedad.
Podemos afirmar que Roth cuenta con una de las carreras más brillantes de la literatura americana contemporánea y es uno de los autores más premiados de su generación que a decenas de premios como el PEN, Pulitzer, WH Smith y el  Medici, suma en 2012 el Príncipe de Asturias de las Letras y es uno de los pocos capaces de aunar la opinión destacada de los críticos con el favor del público.

Desde este grupo no somos pocas las admiradoras de Pilip Roth, entre las que por supuesto me encuentro. Ya en otra ocasión leímos Indignación y no he podido evitar proponer leer Némesis, coincidiendo con el anuncio de su reciente Príncipe de Asturias.
Personalmente, he vuelto a disfrutar (y sufrir) con Philip Roth.

NÉMESIS, DE PHILIP ROTH

Némesis está ambientada en la comunidad judía de Newark, New Jersey, durante el caluroso verano de 1944, en el que se desata una epidemia de polio. El protagonista, Bucky Cantor, de 23 años, dirige la escuela de verano mientras se enfrenta con la enfermedad y la muerte de sus alumnos, con una mezcla de estupor y rabia.
La novela se divide en tres actos, un procedimiento habitual en Roth. Comienza como un relato idílico ensombrecido por los primeros casos de polio. El dolor por la muerte por la enfermedad precisa encontrar responsables: los italianos, las granjas de animales, la heladería, el tonto del barrio... o los partidos organizados por el profesor en la escuela de verano.
La polio no solo enferma los cuerpos de los niños, los más inocentes y débiles de la sociedad, sino que mina la moral de todos, sembrando desconfianza, ira y rencor, además de la falta de confianza en Dios, la justicia o la misericordia.
El protagonista se enfrenta a un problema moral cuando, en ese ambiente de muerte y dolor, le ofrecen un puesto en un campamento de verano en un lugar idílico, donde además puede estar con su novia. Pero éso le obliga a abandonar a sus alumnos, a huir, a dejar el frente en el que le han permitido luchar, ya que un problema de visión le impide luchar en el frente como sus amigos.
Némesis es una novela que plantea interrogantes, dudas y que no encuentra respuestas. Fatalista, drámatica y pesimista lleva a cuestionarse los valores religiosos, de responsabilidad y de moralidad tan marcados en el protagonista.

OPINIONES SOBRE NÉMESIS DE PHILIP ROTH

(Rafael Narbona. El Cultural. El Mundo)
Nuestras exigencias morales son fantasías retóricas que se desmoronan cuando aparece el miedo. El pánico nos devuelve a un estado premoral. Roth no retrocede ante el reto de abordar una vez más la presumible bondad de Dios. Si Dios es bueno y omnipotente, ¿por qué permite la muerte de los inocentes? Cantor opina que Dios actúa como un viejo estúpido y cruel. Sólo podría ser exculpado si no existiera. Ignoro si ha leído al filósofo judío Hans Jonas, que limita el poder de Dios, llegando a asegurar que no evitó el espanto de Auschwitz “porque no pudo”. Roth no contempla la posibilidad de un Dios impotente porque tal vez ambos términos le resulten incompatibles. 
Némesis es una novela extraordinaria, donde Philip Roth demuestra su talento como narrador y su compromiso con los grandes temas de la literatura: el ser humano, la muerte, Dios, el mal, lo irracional, la tensión entre el individuo y la comunidad, la crueldad de la sociedad norteamericana, donde el mal parece una presencia permanente. Sería absurdo buscar la esperanza en estas páginas. El desenlace sugiere la intervención de la diosa Némesis, pero Roth no ha pretendido dibujar una fábula moral. No se restituye la justicia. Simplemente, se pone de manifiesto la tremenda vulnerabilidad del ser humano. Al final, todos naufragamos en el mismo infortunio.
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(Silvia Bardelás; El lector perdido.com)
Como lectora crítica, creo que sería más efectivo el libro si sólo trabajara con los elementos que utiliza a la perfección, como la atmósfera de muerte en el barrio neoyorkino y la atmósfera de vida en las montañas de Poconos. La pobreza, la falta de horizonte, la soledad del huérfano contra la familia educada en unos valores sólidos gracias a la figura del padre. La confusión y la potencia del primer amor, la búsqueda del nuevo mundo, de encontrar lo que no se tiene, la posibilidad de una vida limpia a través del amor. Y por encima de todo ello, la sombra de la muerte recayendo en los más fuertes, los más jóvenes, los más vitales.

… aquí hay un personaje frente al mundo, que tiene conciencia de sí mismo y de su vida, que tiene un problema fundamental, ser el causante de la muerte de su madre en el parto, un hecho fuera de su control, pero que le marca para siempre. ¿Cómo es la vida de un culpable de nacimiento? Todos estamos marcados por papeles que asumimos en la infancia después de una experiencia que nos afecta emocionalmente. Nos volvemos inseguros y tomamos decisiones desde esa inseguridad. Sólo un narrador puede mostrarnos esa debilidad y el proceso interno del personaje, que no es consciente. Por eso no está escrita esta novela en primera persona, aunque el narrador elegido no me parece el adecuado porque es un instrumento de suspense y cierre que sobra completamente en la historia.
Lo interesante de la novela es también la relación del protagonista con el mundo. No está solo, él está condicionado por lo que les ha pasado a sus padres, por cómo le han educado sus abuelos, es consciente del efecto que crea en sus alumnos, tiene que decidir qué es lo mejor para ellos y en general, la figura de la enfermedad contagiosa como una cadena invisible e incontrolable es perfecta para contar la cadena humana, que existe aún negándola. La novela vive de esa cadena, la narrativa juega a que no existe, a que son fuerzas desconocidas las que mueven el mundo y describe al hombre en ese caos. El protagonista de Némesis no admite la casualidad, necesita un culpable.
Y no puedo dejar de resaltar el contraste tan increíble que hace entre el lugar donde está ocurriendo la muerte y el lugar donde se juega y se disfruta de la naturaleza como si nada pasara. El protagonista no puede olvidar que en otros lugares hay gente sufriendo. Todo ese mundo perfecto pierde peso, aparece como absurdo, vano. Este tema sigue siendo actual, ¿puedo ser feliz en mi situación perfecta mientras otros sufren? ¿Qué puedo hacer?
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(Un libro cada día)
Némesis es una novela con tintes bíblicos, además de trágicos: la plaga invisible que azota la ciudad matando principalmente niños; el personaje principal atormentado por la desgracia y por la culpa; la imposibilidad de encontrar refugio contra el mal... De hecho, a partir de cierto punto (hacia la mitad), la novela se convierte en una reflexión sobre la bondad de Dios, un Dios capaz de crear la polio y de dejar desatendidas las plegarias de los padres que han perdido a sus hijos.
Hay otra lectura posible que está solo apuntada, o subyacente, en la novela: el paralelismo entre la guerra (con los soldados estadounidenses combatiendo en el frente europeo y en el asiático) y la enfermedad. Bucky Cantor fracasa en ambos enfrentamientos (por incomparecencia en un caso, a causa de un defecto en la vista; por incapacidad en el segundo) y como consecuencia se transforma en un ser asexuado, impotente, pasivo, solitario. Creo que habría mucho que decir en esa línea, planteando cuestiones sobre la responsabilidad y la cobardía, la auto-identidad masculina o el poder autodestructivo de la culpa. Son todos ellos temas que Roth esboza, pero que no desarrolla.



ENTREVISTA A PHILIP ROTH (ANDREA AGUILAR, EL PAÍS)

PREGUNTA. En Némesis habla del miedo, un asunto central en Estados Unidos después del 11-S.

RESPUESTA. La polio atacó América en la primera mitad del siglo XX y las advertencias paternas sobre la enfermedad fueron el coro de fondo de mi infancia. Cuando se descubrió la vacuna en 1955, ya me había licenciado en la universidad. No necesitaba el 11-S para escribir este libro.

P. ¿Es la literatura una buena brújula para entender el presente desde el que se escribe?

R. ¿Pienso que la ficción refleja el momento en que ha sido escrito sin importar en qué época esté situada la acción del libro? No. Yo quería describir 1944 en Newark. Leí mucho y me entrevisté con un par de tipos de mi edad que tuvieron la polio. Cuando trabajo pongo mucho cuidado en recrear con fidelidad una época. Si el presente en el que escribo también queda reflejado no es un algo deliberado.

P. ¿Opina lo mismo como lector?

R. Si es sutil, a lo mejor, con el paso del tiempo puedes ver que algunas cuestiones históricas determinaron que los escritores estuvieran interesados en ciertos temas.

P. ¿Cómo ha afectado el 11-S a la literatura norteamericana?

R. Algunos escritores lo han usado en sus libros. Pero, en general, la literatura no funciona así. Yo tardé 65 años en hablar de la polio y ese es más o menos el margen. El paso del tiempo deja espacio para la cavilación y llega una generación de escritores que pueden capturar el hecho, que no suele ser la misma que estaba en su madurez cuando ocurrió. ¿Cree algo de lo que digo?

P. En algunos de sus libros parece que hubiera una advertencia: cuidado con la bondad.

R. Sí, una buena frase. El teatro de Sabbath es el reverso: abraza la maldad.

P. Harold Bloom considera que ese es su mejor libro.

R. Es bueno. Estoy a punto de releerlo y yo nunca releo mis novelas.

P. ¿Por qué no?

R. A menudo es doloroso, ves lo que no conseguiste hacer y el lenguaje que usaste puede resultar un poco embarazoso. Uno no siempre está en buenos términos con sus libros del pasado.

P. ¿Por qué lo está releyendo?

R. Alguien me lo sugirió, mientras yo estaba criticando algo de mi obra. El impulso detrás de Sabbath fue fuerte y nuevo. El nivel de invención es muy alto. Cuando lo publiqué lo odiaron.

P. En un ensayo sobre Bellow habla de su transformación revolucionaria con Auggie March. ¿Piensa en su propia obra en estos términos?

R. Bueno, El lamento de Portnoy fue algo totalmente distinto de mi obra anterior. Vine a Nueva York en 1963 y daba clases en Princeton. Conocí a un grupo de tipos, todos judíos y un poco mayores que yo. Nos reuníamos y teníamos unas juergas hilarantes, enlazando un tema detrás de otro con historias extravagantes. Después de dos o tres años pensé que por qué no escribía eso, y decidí llevar a la página el comedor del restaurante. Aquello fue el comienzo de una explosión que duró unos doce años. Intenté empujar el elemento cómico tan lejos como pudiera.

P. ¿Para defenderse?

R. No, era una ofensiva en todos los sentidos. La idea era "si no te gusta el tipo que escribió Portnoy, vas a odiar al que escribió esto". Me liberé de mi decorosa educación literaria. El siguiente gran cambio llegó con La contravida, a mediados de los ochenta, un nuevo acto de apertura. Me sentía expansivo cuando escribía y las palabras llegaron.

P. ¿Qué se propuso hacer en esta serie de Némesis?

R. En los noventa Bellow estaba escribiendo novelas cortas. Recuerdo que le pregunté cómo lo hacía y él, como siempre, se rió. En aquel momento en mis libros yo buscaba ampliar y seguir incluyendo cosas que nada impedía que metiera. Pensé, ¿puedo recortar todo y escribir a pequeña escala? ¿Cómo destilo y comprimo?

P. Y llegaron estas cuatro novelas.

R. No sabía que serían cuatro. Empecé con Elegía. Quería contar la vida de un hombre a partir de sus enfermedades. Me divirtió especialmente imaginar ese discurso acusatorio y furioso de la mujer contra el adúltero. Fue divertido asumir ese papel, porque no he tenido muchas oportunidades.

P. Después vino Indignación.

R. Quise escribir sobre lo que era ir a una universidad en el tiempo en que yo fui, a principios de los cincuenta. Esos campus convencionales eran sofocantes y detrás de esa asfixia estaba la maldita guerra y la represión sexual. Todo era tan reprimido que ni siquiera sabíamos lo reprimidos que estábamos.

P. Le ha dedicado bastante atención a la explosión de aquello.

R. Si el bang de 1963, 1964, 1965... Yo estaba en la treintena y ver aquello fue vertiginoso, daba mareo. Fue increíble.

P. ¿Ha habido una regresión desde entonces?

R. No. Lo que pasó en los años sesenta fue tímido y templado si lo comparamos con cómo viven ahora los jóvenes. Aquello fue la primera salida de la cárcel sexual y fue emocionante.

P. El nuevo libro transcurre durante un verano muy caluroso en Newark, como Adiós Colombus su primera historia publicada.

R. Aquello lo escribió un chico que no había oído hablar de la muerte. El escritor de Némesis sí ha oído de ella.

P. El doctor, uno de los personajes, advierte al protagonista de lo que debilita un sentido erróneo de responsabilidad.

R. Bucky se siente responsable de cosas que no le corresponden. Y este sentimiento de responsabilidad es insaciable.

P. ¿Asumir la responsabilidad es una forma de eludir el caos y el azar, de crear la ilusión de control del destino?

R. Exactamente, y la polio es un ejemplo perfecto: es caos y azar, aunque él se sienta responsable. La culpa da sentido a muchas cosas.

P. ¿Da por terminada esta serie?

R. Sí. Quería tratar en breve una cierta preocupación fatalista. Chéjov en uno de sus cuentos dice que detrás de la puerta en la casa de cada hombre rico debería haber alguien con un martillo que espera para darles en la cabeza y recordarles que la gente sufre. En cada uno de estos cuatro libros la Némesis espera, un cataclismo.

P. ¿Trata siempre los mismos asuntos desde distintos ángulos?

R. ¿Eso piensas tú? Creo que cada uno tiene un cubo lleno de temas, que son tuyos porque excitan tu energía verbal. Vas sacándolos y usándolos. Llegas al final del cubo y no quedan muchos. Esto es lo que les pasa a los escritores mayores. Tienes un número limitado de temas, diez, seis o veinte, y ese es tu número. Yo no sé cuántos tengo, pero supongo que uno vuelve a trabajar sobre algunas ideas. Mi autorreflexión sobre mi trabajo también tiene un límite.

P. Mientras escribe, ¿lee sobre el tema del libro en el que trabaja?
P. Sí, y cuando no tengo más leo otras cosas, mucha historia y biografías. Leí hasta hace unos años ficción, pero todo cambia. Hace diez años empecé a releer y fue maravilloso. Pasé entre seis meses y un año con cada escritor, por ejemplo, Dostoevski y Conrad.

P. ¿Y la literatura actual?

R. Pareces mi doctor. No leo novela actual desde hace unos veinte años, solo cosas de amigos. No estoy al día de lo que ocurre.

P. Hace poco aseguraba que leer novelas se acabará convirtiendo en una actividad casi de culto. ¿No hay una interminable necesidad de historias?

R. Sí, y el cine la satisface. Las películas no requieren el mismo nivel de concentración y sutileza de mente que una novela seria.

P. En todos los campos, incluso en la política, se habla de la fuerza de la narrativa de un determinado partido o candidato, hasta de un jugador de fútbol.

jueves, 7 de mayo de 2009

Artículo de Ñ revista de cultura. Philip Roth: Retrato del escritor indignado. http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/04/04/_-01889956.htm

A los 75 años, el autor de El lamento de Portnoy, que lo convirtió en una celebridad de las letras estadounidenses, vive en una antigua casa de madera en una colina en Connecticut. El novelista que supo ser un rey en Manhattan, rodeado de admiradores y adulones, se dedica aún a lo que ha llamado "terrible ambigüedad del yo". Habla de su reciente novela, Indignación, en la que narra los recuerdos inducidos por la morfina. Junto con esta nota, el enfoque de Luis Chitarroni sobre su obra.

Por: Robert McCrum


Era el último fin de semana del verano cuando viajé hasta el noroeste de Connecticut para reunirme con Philip Roth. La apartada casa de madera gris del novelista, construida en la época de la revolución, se encuentra sobre una colina, al final de un tranquilo camino rural, a varios kilómetros del pueblo más cercano.La alta figura que sale de entre los manzanos a saludarme lleva buzo y pantalón de jogging gris. Mi primera impresión es que Philip Roth se parece tanto a un juez de la Suprema Corte de licencia como a uno de los escritores más admirados del país.Según sus propias palabras al comienzo de El escritor fantasma, uno podía "empezar a comprender por qué esconderse a 400 metros de altura en las montañas con la única compañía de los pájaros y los árboles quizá no era tan mala idea para un escritor, judío o no... Pureza. Serenidad. Simplicidad. Aislamiento. Toda la concentración y la extravagancia y la originalidad reservadas para la vocación agotadora, enaltecida y trascendente". Como su personaje principal Zuckerman, Roth parece haber pensado: "Así es como voy a vivir".Caminamos por la fresca hierba hasta una especie de tienda de gasa con sillas en su interior donde Roth y sus invitados pueden disfrutar de la conversación a salvo de los insectos. Entrar a esta burbuja es como ingresar en el sector de puertas afuera de la mente del escritor."Empecemos a trabajar", dice Roth, recostándose en su reposera para indicar que la entrevista ha comenzado. Esto suena informal pero la verdad es que todas las conversaciones con el autor de El lamento de Portnoy están sumamente controladas: las preguntas deben enviarse por adelantado; la transcripción es luego revisada; todo bajo la mirada vigilante de agentes y publicistas.En la espesura de la literatura norteamericana, Philip Roth es una gran bestia tan fabulosa como el hipogrifo, rara vez avistada, nombrada con respeto y motivo de chismes disparatados y a veces indignados. Desde Portnoy, ha soportado el tipo de atención que podría llevar a alguien a buscar la soledad o a la paranoia: incesantes chistes autocríticos, una persistente lluvia de hostilidad y la mirada escrutadora y envidiosa de escritores menores. Ahora, cincuenta años después de comenzar a escribir, el autor de La contravida y Pastoral americana podría estar de acuerdo con Peter De Vries, quien observó sobre la vida literaria estadounidense que "uno sueña con la diosa Fama... y termina con la puta Publicidad".Esta casa de Connecticut representa al Roth íntimo y contemplativo. Su departamento de Nueva York auspicia algo más público. Allí, como ha escrito su biógrafa literaria Hermione Lee, "salir con Philip Roth en Manhattan es como salir con Luis XIV en Versalles: el rey está en su reino". El escritor mismo dice que su deseo de exposición se encuentra en algún punto intermedio entre la reclusión de J. D. Salinger y la auto-publicidad del último Norman Mailer.Oscilando entre lo público y lo privado, Roth es hoy una celebridad literaria tan grande como cualquiera de estos dos contemporáneos. Comparada con la de sus pares, y con la de casi cualquier escritor estadounidense de importancia, la producción de Roth es asombrosa para un hombre de más de 70 y con 29 libros en su haber. "Paso la mayor parte del día en mi estudio", dice. "Vuelvo a casa cada noche como volvería un obrero de la fábrica de ficción: 'Ya llegué, querida'". Salvo que ahora no hay ninguna "querida" en casa. Divorciado de su segunda mujer, Claire Bloom, en 1993, Roth vive totalmente solo.En otra época, vivía aquí todo el año pero, con la edad, los inviernos le resultan demasiado brutales. Pero, ya sea en la ciudad o en el campo, se apega al horario de trabajo que siempre ha observado, mañana, tarde y noche, 365 días al año.Ahora está más solo que nunca. "Todos mis amigos de por aquí han muerto", dice. "¿Richard Widmark? Dick murió hace dos meses. Arthur Miller murió; vivía a media hora de aquí. Y también Bill Styron." La muerte, señaló una vez W. H. Auden, es como el retumbar de truenos lejanos en un picnic. La lista de amigos de Roth le dice que el picnic está llegando a su fin, que la muerte anda rondando, esperando. "Parece colarse en un libro tras otro", expresa. "Creo que nadie salió vivo de mis últimos cinco libros.""Tengo 75 años, un número extraño," dice. "Es un extraño descubrimiento, para mí, al menos. Cuando uno es joven no va a un entierro cada seis meses."El lugar de Roth en las letras estadounidenses no es sólo una cuestión de antigüedad o productividad. La secuencia de novelas, hábiles exploraciones del pasado reciente de su país, que comenzó en 1997 cuando Roth promediaba los 60 –edad en que muchos escritores se contentarían con descansar en sus laureles– constituye un inusual retrato que ha sido aclamado por los críticos a ambos lados del Atlántico: Pastoral americana, elegía sobre la vida familiar estadounidense ambientada en la era de la guerra de Vietnam; su duro retrato de Eve Frame en Me casé con un comunista (1998); La mancha humana (2000); El animal moribundo (2001); La conjura contra América (2004); Everyman (2006) y finalmente su despedida de Zuckerman, Sale el espectro (2007).Y esto no es todo. Su último libro, Indignación, acaba de salir. Roth sabe que es corto, y posiblemente algo ligero. Con sus 230 páginas, Indignación narra los recuerdos, inducidos por la morfina, del joven Marcus Messner, un conscripto herido de muerte en la guerra de Corea. Messner morirá en las últimas páginas de la novela y no es claro en qué medida la evocación es póstuma o febrilmente imaginada al borde de la muerte.Con humor, Roth dice que el libro está entre una novela corta y, "una palabra peor", una novelita. "La editorial la llamó novela. Me dijeron que era mejor usar la palabra 'novela'." En reposo, la expresión de Roth puede ser severa, incluso intimidante. Cuando sonríe, todo se ilumina y, por un momento, el mundo parece un lugar más amable.En la literatura estadounidense, la "novela póstuma" es un recurso poco frecuente. Roth se apresura a reconocer que no es original y señala que Memorias póstumas de Bráz Cubas del escritor brasileño del siglo XIX Joaquim Maria Machado de Assis, emplea el mismo punto de vista narrativo. La verdad es que no es del todo exitoso, aunque la prosa parece intacta. Pero a Roth no le preocupa. "En el sueño que le produce la morfina, no sabe dónde está e imagina que está muerto... Si eso es ambiguo, también está bien."De todos modos, la verdadera preocupación de Roth en Indignación es explorar el mundo de un chico judío, nacido y criado en Newark en los 30 y los 40, un joven que huye de sus padres sobreprotectores para inscribirse en una facultad de artes liberales lejos de su casa y llegar a la mayoría de edad en los Estados Unidos de los 50, un joven curiosamente parecido, en su aspecto exterior, al mismo Roth.A esta altura los lectores asiduos del escritor exclamarán con un suspiro "¡Otra vez!" ¿Pero qué esperaban? El problema de Roth es que él es la persona más interesante que conoce y con total desenfado reconoce su extraordinaria singularidad. Roth, como dice Martin Amis, "es de alguna manera excesivamente único. Es él, él, él". Sentado aquí, bajo el sol de la tarde, instintivamente se presenta como un personaje, casi en tercera persona. "Soy como un viejo," dice, como si no estuviera del todo dispuesto a aceptar que pudiera serlo. Sus amigos confirman que no hay nadie tan competitivo consigo mismo como Roth. Del mismo modo, si hay alguien que ha glorificado a Philip Roth y su leyenda es él mismo. Lo que le interesa, escribe en Decepción, "es la terrible ambigüedad del 'yo', la forma en que un escritor hace de sí un mito y, en particular, por qué". Un lugar donde se podría comenzar es el de sus orígenes.Philip Roth nació en el seno de una familia de segunda generación de judíos, "antes de las medias con bombacha y la comida congelada", dice, en el año en que Hitler llegó al poder, 1933. Las sensibilidades de Roth siempre quedarán marcadas por los temas y el ritmo de la "década vil y deshonesta" en que nació, pero igualmente influyente fue su medio ambiente: una comunidad judía de clase media baja de Newark, Nueva Jersey, una ciudad suburbana.Después de sí mismo, su tema es la gran república herida. En Los hechos, escribió: "Cuesta imaginar que alguien inteligente que hubiera crecido en los Estados Unidos después de la Guerra de Vietnam pueda haber tenido, como los jóvenes adolescentes inmediatamente después de la victoria sobre el fascismo nazi y el militarismo japonés, nuestro inequívoco sentimiento de pertenecer al país más grande de la tierra". Hoy, contemplando los 50 desde una perspectiva post-Bush, refuta esto diciendo: "Nunca hubo una edad de oro". Sin embargo, es un momento de la historia estadounidense que domina la breve narración de Indignación.La Newark de la infancia de Roth era "aún mayormente blanca", pero ya estaba en decadencia, lo cual quizá podría explicar por qué sigue tan apegado a ella. Hoy la ciudad es casi totalmente negra, con un alcalde negro y las aflicciones ciudadanas de la criminalidad asociada a las drogas. Newark y su estilo de vida marcaron profundamente a Roth. Al escritor y a Paul Auster, también nacido allí, les gusta especular sobre la posibilidad de hacer una peregrinación literaria a sus raíces. Roth dice, medio en broma: "Tendríamos que ir acompañados de un policía. Es muy peligroso". Indignación comienza en Newark y exalta su vitalidad étnica con un atronador crescendo: "La Newark trabajadora, cruda, coimera, semi-xenófoba, irlandesa-italiana-alemana-eslava-judía-negra."En la vejez, le disgusta el extremismo urbano, pero de joven lo disfrutaba. Roth ha dicho de su experiencia adolescente que tenía que ver con "nuestra agresión, nuestro salir de casa para adentrarnos en Newark, de a tres o cuatro, vagar por las calles de noche, las chicas, ir tras una cita a un lugar de reunión llamado Syd's en la avenida Chancellor y contar nuestras historias sexuales... Apetito. Quizá esa sea la palabra. Eran los apetitos los que eran agresivos".En este invernadero verbal, frustrado y competitivo, el joven Roth incubó la voz desenfrenada y cómica que estallaría en la conciencia estadounidense con el "lamento" de Portnoy. El carácter judío de la vieja Newark también moldeó a Roth de otra manera. A través de las diferentes fases de su vida literaria, hay un hilo conductor que une a los personajes y que a muchos lectores les resulta intensamente atractivo. Quizá fue esta herencia psíquica la que lo llevó a jactarse de "mi buena suerte al haber nacido judío". "Es una experiencia complicada, interesante, moralmente exigente y muy singular," dice, "y eso me gusta."El típico protagonista de Roth, que aparece nuevamente en Indignación, es dolorosamente inteligente y sobreprotegido. Esteta instintivo, está dividido entre la mente y el cuerpo, el sexo y la razón, la familia y el yo, el deseo y el deber. Mártir de la neurastenia, esta angustiada figura es atormentada por mujeres imposibles (incluso locas), padres arrogantes y, lo peor de todo, una conciencia culpable. A través de los años, Roth ha sido criticado por las feministas y ahora rechaza la sugerencia de que hay cierta veta de locura en todas sus mujeres de ficción."Veamos," dice con ecuanimidad. "En Sale el espectro, no hay ninguna. Allí hay dos mujeres cuerdas. En Everyman, las mujeres son todas cuerdas. Hay una que está loca en Cuando ella era buena (1967) y otra en Mi vida como hombre (1974). Creo que, proporcionalmente a la población, tengo el número correcto de locas."Las novelas de Roth practican una brillante disección del enloquecido carrusel de las pasiones. En combinación con la química volátil de su temperamento, su judaísmo y una indefinible incomodidad de clase media baja frente a ese gran innombrable, las clases sociales estadounidenses, parecen haber engendrado bastante rabia, para usar un sinónimo menos elegante que "indignación". "Rabia", "venganza", "aspereza" son palabras que aparecen por todas partes en el paisaje de la obra de Roth. Ahora, quizá, promediando los 70, ha habido cierta dulcificación. La "indignación" de su nuevo libro quizá sea "la palabra más bella de la lengua inglesa", pero proviene del himno nacional chino. Como Marcus Messner, Roth tuvo en la escuela primaria profesores de izquierda que, además de canciones patrióticas, enseñaban a sus alumnos marciales cánticos de propaganda china.En la obra del novelista siempre hubo cierta seriedad moral. Pero entonces descubrió el costo de explorar su condición de judío y quizá esta sea una de las fuentes de aquella rabia. En abril de 1959, un cuento publicado en The New Yorker, "Defensor de la fe", ofendió a tal punto a algunos lectores judíos al sugerir que un soldado judío podía aprovechar las sensibilidades judías de un comandante judío para asegurarse un trato preferencial que intervino la Liga Anti-Difamación de B'nai B'rith.De repente "Philip Roth" era tema de habladurías en la sinagoga y motivo de discusión en los hogares. Durante gran parte de la década de 1960, se lo declaró traidor a su pueblo, se lo denostó y condenó por ser algo peor que un antisemita.Claro está que todo este alboroto tribal no fue nada comparado con el escándalo que suscitó El lamento de Portnoy, publicado a fines de los 60. La novela, que lo convirtió en una celebridad, es un libro icónico que cambió todo, lanzándolo de cabeza a un mundo de curiosidad pública banal. Esta novela disfrazada de confesión fue un best-seller instantáneo. Tomada por miles de lectores estadounidenses como una confesión disfrazada de novela, colocó a su autor en el centro de la escena. Allí está desde entonces.A mi insinuación de que quizá inconscientemente había buscado la indignación con El lamento de Portnoy, tras su experiencia con el complejo de persecución judeo-americano, responde: "No tengo ningún sentido del público, al menos cuando escribo. El público para el que escribo soy yo, y estoy tan ocupado tratando de dilucidar la maldita cosa y resolviendo el problema que lo último que pienso es: '¿Qué va a pensar X, Y o Z?'" Cualquiera fuera el motivo, no había retorno. "La literatura me metió en esto" dice su personaje Peter Tarnopol en La gran novela americana, "y la literatura me va a sacar".Tal vez escribir ficción literaria no fuera la ruta de escape ideal, pero era la que él conocía. La obra de Roth de comienzos de los 70 parecía revelar lo que un crítico tachó de "los peligros de una mente excesivamente literaria". Después de la comedia salvaje de El lamento de Portnoy, Roth experimentó con la sátira (La pandilla), la fantasía satírica (El pecho), las fantasías caóticas de La gran novela americana y el "prodigioso lío" de Mi vida como hombre. Finalmente, en su joven madurez, se instaló en la exploración del yo, a través de Tarnopol, Kepesh (El profesor del deseo) y posteriormente Zuckerman (El escritor fantasma y Zuckerman desencadenado). Este fue el período intermedio de la carrera de Roth, y coincidió con su relación con Claire Bloom, quien decidió desde un principio que quería "pasar la vida con este hombre notable".El profesor del deseo (1977) está dedicado a ella, y este fermento de media estación también produjo El escritor fantasma (1979), Zuckerman desencadenado (1981) y La contravida (1986), una de sus mejores y más originales novelas.Para entonces, la relación Roth-Bloom estaba tan firmemente establecida a ambos lados del Atlántico que el autor pasaba la mitad del año en Londres. La íntima conexión de Roth con Inglaterra queda reflejada en Decepción, novela narrada enteramente en diálogo, que imagina la aventura de un literato con una mujer de clase media inglesa. La cruda inmediatez de este relato, con su rothiana declaración de que "en mi imaginación soy infiel a todo el mundo", provocó una crisis con Bloom, quien en sus memorias escribe sobre este episodio: "Ya no me importaba un bledo si esas novias eran fantasías eróticas. Lo que me dejó sin habla fue que me pintara como una esposa celosa que es engañada una y otra vez. Ese retrato me resultó desagradable e insultante".Casi simultáneamente con esa ruptura, Roth sufrió un colapso nervioso (inducido por el Halcion que le habían recetado luego de una cirugía de rodilla) junto con un urgente anhelo de volver a su país. "Empecé a sentirme cada vez menos conectado con los Estados Unidos. Empecé a sentir que estaba perdiendo contacto con la vida estadounidense. Y en 1989 me di cuenta de que ya no podía hacer esto. Entonces volví. Fue un maravilloso regreso a casa porque redescubrí un viejo tema, que era este país, y comencé a escribir los libros sobre los Estados Unidos. Era la mejor de las situaciones. Encontré un tema nuevo que era un tema viejo que ya conocía."En 1993, se divorció de Claire Bloom e ingresó en la fase que culminó con Sale el espectro e Indignación. "Libertad, se llama," dice, cargando la frase de una alegría casi tangible. Ahora estaba a campo abierto. Podía ir y venir a gusto. Podía trabajar donde, como y cuando quisiera, leer cuanto le gustara y deleitarse en la exploración de sus muchos yos. ¿Lee a sus contemporáneos?, le pregunto."No, no los leo, y no es por principio. Es que ya no leo mucha ficción. Me gusta mucho más leer no ficción. Leo todas las noches. Releo. El mes pasado releí a Camus." También últimamente ha releído a Turgenev y Conrad.Lo que nos lleva a la relectura del mismo Roth. El lamento de Portnoy sigue siendo un tour de force desenfrenadamente gracioso pero es la obra de un hombre joven. Muchas novelas de la mediana edad de Roth, con su obsesión literaria por sí mismo, no soportan bien el paso del tiempo. Parecen artificiosas y algo carentes de humanidad. A esta altura del partido, quizá lo más que se puede decir es que todavía abriga una aspiración a la grandeza simple que, hasta ahora, parece habérsele escapado entre los dedos.La prosa de Roth es famosa por desplegar el artificio del no artificio. En la página, logra una voz que es sencilla, natural y cercana a los ritmos cotidianos del habla. A lo largo de su obra, muestra una profunda admiración por dos escritores ingleses, Shakespeare y George Orwell. Creo que la claridad de Roth deriva en parte de Orwell, cuyos grandes libros, Rebelión en la granja y 1984, se publicaron en los años 40, una etapa impresionable de la adolescencia de Roth.Pero cuando trato de acercarme a este hombre quisquilloso y solitario a través de sus libros las dificultades se multiplican. Las vidas que aparecen en sus novelas, sobrecargadas con "la terrible ambigüedad del 'yo'", carecen de la simplicidad de la prosa. Flotan, en cambio, en una tierra de nadie entre la imaginación y la realidad. Esto se debe a que el autor mismo es escurridizo e indiferente y está a la defensiva frente a los vulgares esfuerzos por ubicarlo. Como muchos escritores cómicos, parece perturbado, en particular por las atenciones del mundo exterior. Prefiere su solitaria reclusión y su biblioteca.Al entrar al mundo de Roth, uno ingresa en una sala de espejos. Su crítica preferida, Hermione Lee, lo explica así: "Vidas en historias, historias en vidas: ese es el nombre del doble juego de Roth". Las travesuras, si eso es lo que son, no terminan allí. La artificiosa "autobiografía de un novelista" escrita por Roth, Los hechos, comienza con una carta a Nathan Zuckerman, su más famoso alter ego, en la que pide su veredicto sobre el libro, y termina con la "respuesta" de Zuckerman: "Estimado Roth, he leído el manuscrito dos veces. Aquí tiene la sinceridad que me pidió: No lo publique".A Roth le molesta que le pregunten sobre sus muchos alter egos. Habla con desdén de los críticos que quedan entrampados en el alambre de púas de la tierra de nadie rothiana: "¿Soy Roth o Zuckerman? Escribo ficción y me dicen que es autobiografía; escribo autobiografía y me dicen que es ficción. Así que, como soy tan obtuso y ellos tan vivos, que decidan qué es o no es".Lo que un crítico diga ahora no hará mella en Roth. No se molesta en leer reseñas. "Trato de leer tan pocas como puedo. No es muy gratificante, salvo en muy pocos casos, y depende de quién la haya escrito."Novela corta o cuento largo, Indignación contiene material reciclado de libros anteriores. Pero, si bien hay indicios de cierta disminución de sus aptitudes, también hay un nuevo foco de atención: un yo que reconoce la cercanía del fin y otro que mira hacia el comienzo. Además de reflexionar sobre la mortalidad, Indignación habla de la llegada de un joven a la mayoría de edad.¿No se sintió tentado, pregunto, de escribir una comedia para alejar las frías sombras de la mortalidad? "Me encantaría hacerlo, pero... creo que ya no sé cómo ser cómico."Indignación refuta esta afirmación. Hay un episodio cómico en el centro de la narración en que la novia de Marcus Messner le practica sexo oral. "Lo que quería hacer en este libro," explica, "es pintar costumbres sexuales que han desaparecido a través de este pequeño incidente".Cuando Roth publicó El animal moribundo (2001), le pregunté sobre su siguiente libro y contestó: "Espero que me lleve el resto de la vida. Ya no soporto empezar de cero". Pero la experiencia de la vida real contradice las imaginativas esperanzas del escritor. Acaba de terminar otro libro sobre otro tipo de muerte, un suicidio. Insiste en que este "no tiene valor terapéutico. Sólo me resulta un tema interesante. Quería ver si podía llevar a un personaje hasta el punto en que... Estoy tratando de volver loco a alguien," resume cortante.La cinta se termina. Se acabó el tiempo. Caminamos bajo una cúpula de viejos robles hacia el estudio de Roth. El interior es espartano. Hay dos escritorios –uno para escribir y otro para "los asuntos comerciales"–, una radio y un atril, donde Roth, que tiene problemas de columna, trabaja de pie.Cuando concluye nuestra recorrida, me firma un ejemplar de Indignación y nos despedimos. El hombre viejo y gris camina lentamente bajo los árboles hacia su estudio para su inevitable cita con su mesa de trabajo, un escritor feliz de estar solo con sus muchos yos, agotada toda pasión.
(c) The Observer Y Clarín TRAD.: Elisa Carnelli

miércoles, 6 de mayo de 2009

Philip Roth: Indignación

Leed el comentario de Portnoy. A él le ha recordado a La montaña mágica. A mí, a On Chesil Beach: los efectos que provocan nuestras elecciones, la indignación... (Esta tarde Cristina y yo la hemos experimentado. ¡Cómo me he identificado con Messner! Ya os contaremos en la cena.)

lunes, 4 de mayo de 2009

Intenso fin de semana

JOSEPH SMITH: "EL LOBO"

RESEÑA

Los últimos días de vida de un lobo. Una refexión moral sobre los tiempos que corren.En un paisaje invernal inhóspito, un lobo está hambriento. Es un depredador feroz y, viendo la naturaleza a través de sus ojos, sabrás cómo se siente la nieve entre sus patas, la textura de la carne entre sus dientes y el sabor de la sangre en su boca. Pero la dureza del invierno empieza a ser un desafío a su supremacía y a su entendimiento de sí mismo. Y cuando el lobo se encuentre con un depredador tan hambriento como él —un competidor al cual debería matar— lo duda. En vez, se embarca en un viaje extraño que le demuestra que, antes de poder enfrentar su propia mortalidad, debe enfrentar su propia naturaleza. El lobo es una novela singular que embarca al lector en una travesía inolvidable por un paisaje desolador y lo obliga a ver el mundo a través de los ojos de un cazador, con todo su salvajismo, terror y magia.Una historia breve pero de gran intensidad, relacionada con la espiritualidad de la naturaleza. Una novela corta e intensa con un estilo propio, creíble, valiente y original.

Joseph Smith, pese a haber estudiado filosofía, se niega, con ceremoniosa seriedad, a asumir la trascendencia que parece tener su primera y breve novela. "Mi intención es entretener", dice el autor consternado ante la posibilidad de que su novela sea leída como una fábula sobre los hábitos predatorios de los tiempos que corren. La crítica británica ha saludado con salvas a este londinense de 29 años, cuyo libro fue una de las presas más codiciadas en la pasada feria de Fráncfort.En poco más de 100 páginas, Smith se pone bajo la piel del lobo en primera persona para hacerse las preguntas básicas de todo buen tratado humanístico: ¿qué soy? ¿de dónde vengo? ¿adónde voy? "Es cierto que mi formación tiene que ver con el estudio de la percepción y el conocimiento y esto ha impregnado el libro, pero no he querido hacer un manual de filosofía. Primero imaginé la escena final con toda su dureza y lo que hice sencillamente fue rebobinar ese relato para explicar qué es lo que había llevado hasta ese momento a esa situación".


Aunque el punto de partida poco tenga que ver con la realidad --nada nos indica que los lobos piensen y menos filosofen-- sorprende cómo Smith es capaz de recrear con minuciosidad la vida cotidiana del animal. "Yo soy un urbanita, nací y vivo en Londres, y creo que mi primer contacto real con la naturaleza fue en la Universidad de Durham, al norte de Londres. Más allá de eso, lo que quería era mostrar las reacciones viscerales del lobo como una forma de conectar con los sentimientos más primarios".


COMENTARIO


Está bien escrito, es original, me gusta cómo recrea la vida cotidiana del animal. Pero no sé, no estaba yo en el "momento-lobo". Me resultan difíciles de valorar este tipo de fábulas; no es mi género favorito.




CATHERINE O´FLYNN: "LO QUE PERDIMOS"

RESEÑA

Tras las puertas de cristal del centro comercial Green Oaks, en Birmingham, se esconden los anhelos de cientos de personas. Una noche, un guardia capta a través de las cámaras la imagen de Kate Meaney, una niña solitaria y perspicaz desaparecida hace 20 años. Kate solía deambular por el centro mientras jugaba a ser detective e imaginaba los oscuros secretos de clientes y trabajadores, con la única compañía de su mono de peluche Mickey. Contiene una intriga detectivesca y una historia de fantasmas, pero es, por encima de todo, una novela sobre la amistad, la infancia y la búsqueda de la felicidad. Con incisivo sentido del humor y gran empatía, Catherine O’Flynn convierte un centro comercial en un microcosmos que refleja el mundo en que vivimos, o, quizás, en el que estamos atrapados.
Novela con historia. Fue rechazada por 20 editoriales y agencias literarias. La autora no cejó en su empeño y finalmente fue publicada por una pequeña editorial, cosechando un gran éxito de crítica y público. Ganadora del Costa Award, el Galaxy British Book Award y el Jelf Group Award, y finalista del Booker Prize, el Orange Prize, el Guardian First Book Award, el Commonwealth Writers Prize y el South Bank Literature Award.


COMENTARIO

Está muy bien. La primera parte me gustó menos, pero la segunda me ha encantado: la trama está muy lograda, los personajes... Muy recomendable.


MIRANDA JULY: NADIE ES MÁS DE AQUÍ QUE TÚ

RESEÑA

Una chica da clases de natación a un grupo de gente mayor sin más agua que la de una palangana; una pareja debe fingir ternura mientras actúa como figurante en un rodaje y se da cuenta de que su amor ha terminado; una mujer se elimina una marca de nacimiento y desde entonces se siente terriblemente vacía.

Miranda July retrata en estos dieciséis relatos a personas aparentemente ordinarias con vidas extraordinarias. En un simple instante, la monotonía cotidiana se rompe en mil pedazos y algo completamente inesperado reconfigura el mundo, abriendo nuevas e infinitas posibilidades. Con un humor teñido de un personal erotismo, July nos regala una mirada única al amor moderno y descubre la extraña lógica que gobierna nuestras vidas.

Directora de cine y artista de performances, July se revela en su primer libro como uno de los mayores talentos de la nueva generación de escritores norteamericanos. Pocas veces los cuentos ven refrendada su calidad en cantidad de lectores, pero Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Italia y Francia, entre otros muchos países, ya se han rendido a esta sorprendente autora, capaz de crear un vínculo único con el lector: «La pura y exquisita honestidad de la voz de July hará que los lectores se sientan comprendidos», Los Angeles Times.

COMENTARIO

Muy en la linea de Carver: recomendable. Pero me gustan más Carver y el ¿sueco? que me dejaste, Marta. Los personajes y las situaciones en estos relatos me resultan mucho menos creibles.



JOYCE CAROL OATES: MAMÁ

RESEÑA

«Ésta es la historia de cuánto echo en falta a mi madre.Algún día, de una forma única, será también tu historia.»

A sus treinta y un años, Nikki Eaton ha alcanzado la liberación sexual y la independencia económica. Nunca se ha visto a sí misma como «hija», sin embargo, la inesperada muerte de su madre la llevará a una intensa transformación personal. A lo largo de un año crucial se verá inmersa en la pena, pero también en la sabiduría, e incluso en un amor repentino y providencial.La “gran novelista norteamericana”, autora de La hija del sepulturero, vuelve a deslumbrarnos con Mamá, su novela más conmovedora.

«Leer a Oates es como transitar por un campo de minas emocional, para volver a la tranquilidad y sacudir la cabeza ante tamañas lucidez y revelación.» The Washington Post Book World

«Una autora audaz... con su valeroso corazón y su increíblemente fastuosa capacidad imaginativa.» Los Angeles Times

“Entre el realismo de Steinbeck y la eficacia narrativa de Grisham... No hay tema que sea ajeno a la voracidad de Joyce Carol Oates, a su habilidad narrativa, al ritmo que sabe imprimir a cada relato.” La Vanguardia“

Inagotable y extraña… Emocionante y turbadora.” El País
«El dominio de Oates del crimen, la violencia y de los elementos que permanecen enterrados durante mucho tiempo es innegable, pero Mamá es en realidad más perturbadora en su implacable y minucioso retrato de la clase media.» The New York Times«Oates es al tiempo erótica y analítica... Esta precisión casi alucinógena contribuye a una explicación por completo apasionante y evocadora del dolor seguida, finalmente, por un renovado abrazo a la vida.» Booklist

«Un excelente libro para leer en busca de comprensión, pero no de olvido.» Dallas Morning News

«Cautivadora, intensa y única en su visión y su fortaleza.» SCOTT TUROW

«Su incomparable prosa y su habilidad para mover a la reflexión a medida que va reinventando nuevos géneros son únicas... Pocos escritores son capaces de contar una historia con tanta convicción y entretenimiento.» Scotland on Sunday

«Su inagotable capacidad para narrar los tiempos que vivimos es notable.» Sunday Telegraph«

Oates evoluciona sin descanso como artista, explorando continuamente nuevos aspectos de la vida americana... Sólo nos queda rendirnos ante la todopoderosa fuerza de sus virtudes.» The New York Review of Books

COMENTARIO

Muy bueno, aunque la estructura es la mismísima que la de "A media luz".





PHILIP ROTH: INDIGNACIÓN

RESEÑA

Una poderosa aportación acerca del impacto de la historia y la represión en la vida de un individuo vulnerable. La nueva novela de Philip Roth. Lejos de las narrativas obsesionadas con la vejez y la experiencia de sus últimos libros, la vigésimo novena novela de Roth cuenta la historia de la educación de un joven judío, hijo único de una familia de carniceros kosher del Newark de la década de 1950. Tentado por las oportunidades que le depara el futuro y asfxiado por las estrambóticas restricciones de un padre excesivamente aprensivo, decide trasladarse a una universidad luterana de Ohio, donde deberá enfrentarse al antisemitismo, a la represión sexual y a la amenaza que plantea sobre los jóvenes del país la necesidad de reclutas para la guerra de Corea. Una historia íntima de inexperiencia, imprudencias, resistencia intelectual, descubrimientos sexuales, coraje y terror.



COMENTARIO

Todavía no la he acabado, pero me está pareciendo excelente. Genial cuando Roth te descubre la verdadera condición en que se encuentra su protagonista y desde donde nos narra sus vivencias. Ampliaré el comentario cuando al acabe.



CLASIFICACIÓN:

1ª: Indignación

2ª: Mamá

3ª: Lo que perdimos

4ª: Nadie es más de aquí que tú

5ª: El lobo

sábado, 31 de enero de 2009

Entrevista a Philip Roth

Aprovecho para añadir ésta entrevista a Philip Roth y sus opiniones acerca del futuro de la literatura. ¿es la situación tan negra como la pinta?


Entrevista a Philip Roth


“Las pantallas nos han derrotado”
JESÚS RUIZ MANTILLA
El País Semanal 23/03/2008
Le diría que todavía quedan por ahí buenos lectores. Aquí, en EE UU, no.
¿Dónde están? ¿Dónde? Mirando las pantallas de sus ordenadores, las pantallas de televisión, de los cines, de los DVD. Distraídos por formatos más divertidos. Las pantallas nos han derrotado.
Ahí está la competencia, la dura competencia. La de las pantallas. ¿Cómo deben combatir contra eso los escritores? No lo sé. No me lo planteo seriamente. Sólo le puedo decir lo que ha ocurrido: que han ganado la batalla sobre las páginas.
¿Tampoco confía en el tan alabado ?Kindle?, el libro electrónico que acaba de aparecer en Estados Unidos? No lo he visto todavía, sé que anda por ahí, pero dudo que reemplace un artefacto como el libro. La clave no es trasladar libros a pantallas electrónicas. No es eso. No. El problema es que el hábito de la lectura se ha esfumado. Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal. La concentración, la soledad, la imaginación que requiere el hábito de la lectura. Hemos perdido la guerra. En veinte años, la lectura será un culto.
¿Y los lectores serán una especie de gente rara, de espectros? No, no, tampoco. Será un hobby minoritario. Unos criarán perros y peces tropicales, otros leerán. Como lo que es hoy leer poesía. Existen poetas, se les publica, pero los lectores de poesía son una minoría. Eso ocurrirá.
¿Los escritores tampoco serán esas voces que cualquier sociedad necesita? ¿Perderán pedigrí? Existirán. Pocos se ganarán la vida con ello. Pero no hablo del final de ningún género, como la novela, eso que se habla tanto hoy en día. Hablo de la muerte del lector, algo que en este país ya es un hecho. No sé si en Europa también.