Mostrando entradas con la etiqueta Yates. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yates. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de mayo de 2009

MILENA AGUS: Las alas de mi padre
De la autora de Mal de piedras, que algunas leímos este verano:

En la luminosa Cerdeña de Milena Agus, «Madame» (llamada así por su
amor a Francia...) tiene un terreno a orillas del mar codiciado por los
especuladores. Pero Madame, aunque sea pobre, no quiere vender, y con su actitud
impide que las familias vecinas puedan hacer negocio. A pesar de esto, nadie
puede dejar de quererla debido a su generosidad y su ingenua resistencia. Esta
historia, narrada por una vecina adolescente, es irónica y truculenta,
fantástica y verdadera. Es también la historia de la extraordinaria sensibilidad
del niño Pietrino, de la pasión por el jazz de un tenaz joven, de un padre cuya
presencia es un rumor de alas... Y también es la historia de unos amores que
avanzan a duras penas y de los sacrificios propiciatorios para mantenerlos en
pie. Madame cree en la magia y la reparte con el objetivo de hacer más feliz a
la gente, porque «sin magia... la vida no es más que un espanto», repite sin
cesar.
Me decepcionó un poco. Le falta chispa, un poco sosa. Describe bien los paisajes de esa Cerdeña de la que la autora está tan enamorada (me recordaba aquí un poco a Le Clézio), pero no es, ni mucho menos como la fantástica MAL DE PIEDRAS.

NADINE GORDIMER: La hija de Burger
De la sudafricana Nadine Gordimer, premio Nobel de Literatura en 1991, de la que aquí tenéis una entrevista realizada en 2007: “El materialismo lo ha impregnado todo”.

Rosa era una niña cuando su padre, Lionel Burger, fue condenado a cadena perpetua por promover la revolución en Sudáfrica. No era la primera vez que lo encerraban, pero sí sería la última. Al morir su padre en la cárcel, empezará para Rosa un camino que le llevará a replantearse lo que realmente significa ser la hija de Burger. Los orígenes del partido comunista de Sudáfrica, las reuniones de blancos y negros en torno a la piscina familiar los domingos, la lucha antiapartheid... Todo lo que ella ha vivido, o conocido a través de su padre, se irá matizando gracias a su contacto con esporádicos amantes, amigos de la familia y paisajes de la memoria, hasta adquirir una nueva luz.

Lo estoy leyendo ahora. Literatura comprometida. Aquí tenéis la reseña de ABC.

RICHARD YATES: Las hermanas Grimes
Después de leer la magnífica Vía Revolucionaria, me apetece leer el otro libro publicado en castellano de Yates:

“Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al
echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas
comenzaron con el divorcio de sus padres". Así comienza esta magnífica novela,
que inspiró a Woody Allen para su película Hannah y sus hermanas, y que
próximamente será llevada al cine por Ellen Barkin con Naomi Watts como
protagonista. Sarah Grimes se casó por amor y se niega a divorciarse a
pesar de la desilusión que la invade. Emily, más independiente y liberada, salta
de un amante a otro, y así llega a encontrarse con 50 años, sola y sin amigos.
Ambientada en el Nueva York de la década del 30 a la del 70, al que llegan los
ecos de la Segunda Guerra Mundial y el psicoanálisis, Las hermanas Grimes narra
el viaje de la inocencia a la experiencia


RICHARD RUSSO: Puente de los suspiros
Leí la reseña y me pareció interesante
Lou C. Lynch, «Lucy» lleva toda su vida preguntándose por qué
Noona, su mejor amigo, se escapó a Venecia para no volver jamás. Ahora, a sus
sesenta años, con una vida tranquila y a punto de jubilarse, está decidido a
saber que pasó y emprende un largo viaje que le llevará a encontrar respuestas y
a descubrir la fragilidad de sus propias convicciones y, tal vez, de su propia
vida. El prestigioso Richard Russo, ganador del Premio Pulitzer, construye el
retrato de una comunidad donde se entremezclan fidelidad y ambición, compromiso
y traición.
Un lector comenta: “Libro que en principio parecía pesado y nada
prometedor, poco a poco va enganchando y te hace ver que la vida siempre tiene
sus partes buenas, malas, emocionantes, tristes y que todos tenemos nuestros
secretos, tanto las personas que nunca han salido de su ciudad de origen como
para las que recorren mundo continuamente . Este libro te demuestra que tu vida
puede estar llena de experiencias aunque no salgas en la vida de tu lugar de
origen.”
IRENE NEMIROVSKY: El maestro de almas
Me gustó mucho El baile.
Elogiada y admirada por su destreza para crear personajes
verosímiles, de rasgos profundamente humanos, Irène Némirovsky da prueba una vez
más de una incisiva caracterización psicológica en esta novela sobre el
desarraigo y la azarosa búsqueda de reconocimiento social.
Dario Asfar, un
joven médico originario de Crimea, llega a Niza acompañado de su mujer y de su
hijo recién nacido. Atormentado por las deudas, Dario lucha desesperadamente por
conseguir una clientela, pero su origen levantino sólo inspira desconfianza y
rechazo. La precaria situación de su familia lo empuja entonces a emprender el
único camino que se le ofrece para escapar de la miseria: aprovechándose del
creciente auge del psicoanálisis, Dario se transforma en terapeuta, una suerte
de charlatán dispuesto a ofrecer a los ricos burgueses el sosiego del alma y la
felicidad que tanto anhelan. Sin embargo, el éxito y la fortuna tan ansiados
tendrán para él consecuencias insospechadas.
El trazo ligero de Némirovsky
describe con implacable lucidez la figura del advenedizo en el París de la belle
époque, donde poderosos señores y elegantes mujeres de mundo conviven con una
corte de vividores, menesterosos y canallas que pululan por la ciudad,
conformando un mundo de mil caras fascinantes.

lunes, 11 de mayo de 2009

Yates: "Revolutionary Road"

Tenías razón, Luzma, sobre Revolutionary Road. Aquí teneís la opinión de JavierMarías:
Alfonso Sastre gusta de utilizar elementos fantasmagóricos para denunciar situaciones de la vida cotidiana relacionadas con la pobreza, la injusticia y la degradación de las personas. Otros escritores no necesitan echar mano del elemento fantástico para desvelar el horror a la vuelta de la esquina. Richard Yates es uno de ellos.
Tras la lectura de “Vía revolucionaria” (Emecé, 2003), se experimenta la misma y angustiosa sensación que produce un cuento gótico, pero sin monstruos y en un contexto de “sitcom” de primeros de los sesenta. Como si estuviéramos en un episodio de “Embrujada”: un matrimonio encantador, unos niños preciosos, los típicos vecinos cotillas, el jefe que viene a almorzar con su mujer, la suegra entrometida y la cuñada casquivana. Mientras la televisión ha ofrecido retratos amables e idealizados de su audiencia, en “Te quiero, Lucy”, “The honeymooners” o “La familia Munster”, teniendo que pasar varias décadas hasta el tímido realismo sucio de “Roseanne”, la sorna sociopolítica de los Simpsons o la práctica destrucción de la estructura familiar en la reciente “The king of the hill”, ejemplo de “contra-familia” siglo XXI, la literatura ha ido por delante de la cultura audiovisual a la hora de contar la evaporación del esquema social moderno.
Yates, extraordinario narrador de la insoportable soledad del norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial y uno de los escritores más injustamente olvidados de esta literatura, es el primer testigo del lento y contundente desmoronamiento de la familia como núcleo fundamental de una sociedad superada por sus miedos y contradicciones. Las zonas residenciales, de hileras simétricas de idénticos chalets pintados en rosa, con barbacoa, jardín, televisión en color y un Buick Special en el garaje, y el hombre de los helados tocando la campana de su camión, esconden, en el mejor de los casos, terribles decepciones y mentiras, como los decorados de las ciudades falsas de “El show de Truman” o “Pleasantville”. En el peor, la muerte, real o metafórica de sus habitantes, el reverso tenebroso de las comedias, ya de por sí amargas, de Doris Day y Rock Hudson.
Richard Yates, perseguido por su propia biografía de hogares rotos, divorcios, tuberculosis y alcoholismo, refleja el primer estadio de la frustración de hombres y mujeres ante ese ideal imposible de Darren y la bruja Samantha, el “crack” ideológico y sentimental que Fitzgerald volcó en su “era del jazz” y que él ubica en la “era de la ansiedad”.
Los protagonistas de sus novelas y relatos son personajes abrumados por el peso de su responsabilidad e incapaces de hacer frente a su matrimonio (sin otro aliciente que el consumismo, la infidelidad y el alcohol) o a su trabajo, en el contexto de las grandes empresas con oficinas enormes, a medio camino de Dickens y “El apartamento” de Billy Wilder, en un mundo pre-Microsoft. Un universo doméstico visto por Yates desde la perspectiva de un entomólogo y un pesimista moral en la década de los cincuenta, donde la seguridad se buscaba con desesperación inútil, dentro del miedo a la bomba, a los comunistas y a no ser como uno había soñado por el cine y la propaganda. La familia se desintegra y las relaciones quedan abortadas.
Para Yates, los protagonistas no pueden salir de la trampa para insectos que el adosado y las relaciones de cóctel les imponen, un determinismo familiar que Sinclair Lewis calificaba como “lo torpe hecho dios”, y que comparten otros autores, como John Cheeve o John Updike. Si bien estos artistas aún buscaban entre el desencanto algún rastro de heroísmo o rebeldía, Yates directamente tira la toalla por todos.
En las generaciones de escritores norteamericanos más jóvenes, ubicados en el realismo sucio y la ironía posmoderna, esta posición moral de Yates sobre el individuo como ser aislado dentro de una familia terrible ya no existe: las tramas en las que se desenvuelven los personajes pegados a la televisión, como único destino vital, de Raymond Carver; los obreros derrotados de Andre Dubus, sobre cuyo relato “The killings” se rodó “In the bedroom”; las tristes aventuras de Tobias Wolff; el inverosímil pero hiperrealista universo de Don DeLillo (“Ruido de fondo”); la familia hecha pedazos de Rick Moody en “La tormenta de hielo”, y los relatos nihilistas de William Trevor, Joyce Carol Oates o Richard Ford son nuevos planteamientos de seres que no están abocados a un final infeliz por fuerza, desilusionados y deprimidos como en un cuadro de Hooper, sino que aquí el vacío y la indeterminación se han adueñado de sus vidas desde el principio y ni los anuncios de la pantalla de plasma ni el pack de latas de cerveza sirven de escape alucinado.
Esa familia heterosexual de cortinas estampadas y muebles de baquelita, que Yates disecciona, observa y juzga como un inevitable mal sueño, es ahora una quimera de la publicidad, un resquicio del pasado y un peso negativo para el crecimiento adulto, como sucede en los devastadores dramas de Lorrie Moore. Sin embargo, Yates, con estilo frío y de línea clara, consigue dejar una incómoda idea en la cabeza de sus lectores: “Si mi trabajo tiene un tema, creo que es uno bien simple: que la mayoría de los seres humanos están ineludiblemente solos y en ello reside su tragedia”.