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domingo, 10 de mayo de 2009

El Lector

Como ya os comenté en una entrada anterior, la novela "El lector" de Schlink no me ha acabado de convencer. Reconozco que es amena, está bien escrita, y a muchos lectores les resultará conmovedora. Realmente no le sobra una palabra. Las críticas la califican de espléndida, maravillosa...Aquí tenéis un enlace con opiniones menos elogiosas.

http://www.elmundo.es/elmundo/hemeroteca/blogs/escorpion/2009/09.html

martes, 5 de mayo de 2009

El lector

Reproduzco el artículo de Carlos Franz sobre el lector, que figura en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:
Bernhard Schlink, hipócrita lector…
¿Comprender el crimen, significa empezar a perdonarlo? ¿Castigar lo que no entendemos completamente, nos convierte en verdugos? ¿El novelista que intenta entender, en lugar de denunciar, se hace cómplice del escándalo? Y qué hay del «hipócrita lector», como lo llamó Baudelaire, «mi semejante, mi hermano»... ¿Cómplice, también?
Esas son algunas de las preguntas que nos formula la espléndida novela El Lector, de Bernhard Schlink. Acaba de terminar la segunda guerra mundial. Michael Berg tiene 15 años y vive en una ciudad alemana cualquiera. Una tarde, volviendo del colegio, el muchacho se siente mal y vomita en la calle. Una mujer madura y atractiva lo auxilia. Se llama Hanna y tiene 36 años. Comienzan una relación erótica. Ella lo baña, lo seca, lo cabalga, lo inicia en las ficciones del deseo. Hanna trabaja como cobradora de tranvía. Es simple, vive en el puro presente y no le gusta hablar. Tal vez para callar al muchacho que hace demasiadas preguntas, le pide que lea. Michael parte con lo único que tiene, le lee sus textos de estudio: Schiller, Goethe. Luego, entusiasmada, ella le pide más. Michael inicia a su amante madura en el deseo de las ficciones. Se internan en Dickens, en Tolstoi. Durante casi un año «mantuvimos nuestro ritual de ducha, lectura, amor y reposo. Le leí Guerra y Paz...». El muchacho se enamora cada vez más. Roba un camisón de seda para ella, padece los incomprensibles silencios de la mujer. Y los llena leyéndole, leyéndole... Hacen un viaje de verano en bicicletas. Luego, de pronto, sin ningún aviso, Hanna lo deja, desaparece. Y Michael, terriblemente desilusionado, crece. Crece afectado de «aquella combinación de cinismo y sensibilidad» que, quizás, sea la marca ambivalente de la generación alemana de posguerra.
Siete años después, Michael es un fervoroso estudiante de derecho. Un joven inocente que culpa a toda la Alemania de sus padres por haberle heredado un pasado inexcusable. Fervoroso e inocente, asiste a un juicio contra criminales de guerra. Hay cinco mujeres acusadas por la muerte de varias prisioneras en el campo de concentración del que eran guardianas. Entre ellas, Michael reconoce a Hanna... Y reconoce el dilema que en adelante dividirá su vida. Entre el deseo de castigar la ignominia colectiva, añadida a la traición amorosa que le hizo ella; y por otro lado: el verdadero amor que, como el auténtico mal, es en el fondo irremediable.
Como novela política, El lector constituye una excepción dentro del género. Los narradores políticos -todavía a fines del milenio- suelen preferirse épicos y apostar al héroe. En cambio, el narrador artista lleva un siglo por lo menos arriesgando su buena conciencia y atreviéndose a tomar ese punto de vista prima facie inmoral: el del antihéroe. Arriesgándose también, el hipócrita lector (usted, lector) se ha acostumbrado ya a descubrirse, a re-conocerse, en «el malo». Hemos comprendido (es decir, hemos ampliado los límites de nuestra experiencia moral para abarcar...) al Raskólnikov de Crimen y Castigo, al Kurtz de Corazón de Tinieblas, o al Mersault de El extranjero. Leyendo esos libros todos le hemos tomado alguna vez el peso al hacha del verdugo.
Una zozobra ética de esta especie es, precisamente, el ejercicio que El Lector propone a sus lectores. Una agonía moral inusitada en la novela política contemporánea: «Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible. Cuando intentaba comprenderlo tenía la sensación de no estar condenándolo como se merecía. Cuando lo condenaba como se merecía, no quedaba espacio para la comprensión».
Leído en las sociedades latinoamericanas de fin de milenio y posguerra-sucia, este libro deja lecciones insoslayables. En una novela sobre erotismo y política, Schlink jamás incurre en las pornografías propias de esos dos temas. Jamás pormenoriza un acto sexual. Y nunca excusa a un partido. No sólo eso, Schlink escoge deliberadamente un punto de vista que nos implica: el del lector (en una novela llamada «El lector», todos venimos a ser protagonistas). Y desde allí nos conduce inexorablemente a comprender al verdugo. Mostrándonos en él al débil, al analfabeto, aquel para el cual el mundo es un enigma violento al que sólo puede responder con la violencia de un animal ciego.
Pero hace Bernhard Schlink algo más, algo por lo cual esta novela política y moral es de una especie extraordinaria. Nos lleva hábilmente a comprender cómo se puede amar a la guardiana, amar al «malo». Y que en tal caso no hay manera de escoger honestamente entre ese amor y nuestro deseo de justicia. Como ocurre con los grandes libros, no es sólo nuestra inteligencia e imaginación la que es puesta a prueba, es nuestra tolerancia, nuestra cultura (cultura como sinónimo de humanidad).
Llegamos a este libro premunidos de nuestras bárbaras certezas. Y lo dejamos, civilizados por la duda.
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Marta, a mi me ha gustado mucho, tanto cómo está escrito como la cuestións que plantea, que creo que es basicamente el dilema, ante un acto violento, entre comprensión y condena.
A menudo las personas que intentan "comprender" por qué se producen los actos violentos son acusadas de no condenar, de justificar estos actos. Por relacionar, y ya que estamos leyendo El grupo, la íntima amiga de Mary McCarthy, Hanna Arendt, fue muy criticada cuando publicó su Eichmann en Jerusalen, su crónica sobre el juicio al nazi Eichmann, en el que fue condenado a muerte.
Arendt analizaba por un lado el papel de los consejos judios en el genocidio:
Eichmann había exigido la «cooperación» de los judíos y la había obtenido en «una medida realmente sorprendente». De camino a la muerte, los judíos habrían visto a pocos alemanes. Los miembros de los consejos judíos habrían obtenido de los nazis un «enorme poder sobre la vida y la muerte», «hasta que fueron deportados ellos mismos». Así, por ejemplo, las listas de transporte en el campo de concentracion de Theresienstadt fueron realizadas por el consejo judío. «Este papel de los dirigentes judíos en la destrucción de su propio pueblo es para los judíos sin duda el capítulo más negro en su negra historia.»

Además, Arendt habla de la "banalidad del mal":

La expresión que Arendt empleó para referirse a Eichmann, «la banalidad del mal», fue muy discutida y acabó siendo una expresión hecha: "Fue como si en aquellos últimos minutos Eichmann resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes."
Alrededor de la obra hubo violentas controversias. Sobre todo, la expresión «banalidad» en relación a un asesino en masa fue atacada desde diferentes frentes.
En su introducción a la edición alemana de 1964, Arendt aclara la expresión: «[...] en el informe sólo se expresa la posible banalidad de la maldad a nivel de lo ocurrido realmente, como un fenómeno que sería posible pasar por alto. Eichman no era [...] Macbeth
[...] A excepción de una diligencia poco común por hacer todo aquello que pudiese ayudarle a prosperar, no tenía absolutamente ningún motivo.» Nunca habría asesinado a un superior. No era tonto, sino «simplemente irreflexivo». Esto le habría predestinado para convertirse en uno de los mayores criminales de su época. Esto es «banal», quizás incluso «cómico». No se le puede encontrar profundidades demoníacas, por mucha voluntad que se le ponga. Aun así, no es ordinario. «Que un tal alejamiento de la realidad e irreflexión en uno, puedan generar más desgracias que toda la maldad intrínseca del ser humano junta, eso era de hecho la lección que se podía aprender en Jerusalén. Pero era una lección, ni una aclaración del fenómeno ni una teoría sobre él.»
En una carta a Mary McCarthy, Arendt comenta: «[...] la expresión "banalidad del mal" como tal está en contraposición a la "maldad radical" que empleé en el libro sobre el totalitarismo.»

El tipo de crimen, según Arendt, no era fácilmente clasificable. Lo que ocurrió en
Auschwitz no ha tenido ejemplos anteriores. La expresión proveniente del imperialismo inglés, «asesinato en masa administrativo», se le ajusta mejor que «genocidio».

¿No te parece aplicable lo que dice Arentd de Eichmann a Hanna? Bueno Marta, otro interesante tema para debatir en la próxima cena

domingo, 26 de abril de 2009

Leyendo desde las nubes




Queridas contertulias, ya estoy aquí, después de unos días por tierras escocesas.
Entre vuelo y vuelo he acabado de leer "El lector" de Bernhard Schlink, novela aclamada por la crítica y el público, de la que recientemente se ha hecho también una película, rodada por el mismo director de "Las horas", de la que hemos debatido recientemente (más bien habéis, que yo no estaba). A pesar de tantos elogios y aunque reconozco que la he "devorado", no me ha acabado de convencer. Creo que abarca demasiadas cuestiones muy trascendentes: el holocausto, los campos de exterminio, la culpa, la expiación, la adolescencia, la responsabilidad del verdugo, la conciencia moral, el analfabetismo, la iniciación al sexo, la generación de alemanes de la guerra y sus herederos...y creo que me dejo unas cuantas, pero no profundiza en ninguna de ellas, pasa como por encima, soslayándolas, y me parece que se implica poco. Si alguna de vosotras la ha leído me gustaría saber su opinión. Aquí teneís una sinopsis.

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó... Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horror y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.

Me acordé mucho de vosotras el viernes, una pena no haber estado allí compartiendo ésos momentos tan gratos con Virginia, aunque fueran con "apreturas". Además, hace tiempo que no estábamos todas, espero que la próxima vez os animéis también las más "novilleras".
Muchas gracias por la crónica Cristina, si no fuera por tí, no me habría enterado de nada.
!Hay que currar un poco más, chicas!
Me han sorprendido algunos de los comentarios, especialmente el del rechazo "a priori" de algunas de vosotras hacia la escritora por sus trastornos mentales.
¿Son incompatibles genialidad y locura? Por supuesto que no, más bien yo diría que todo lo contrario. Es muy habitual la presencia de depresión, alcoholismo y psicosis entre escritores, también entre pintores y ésto no les resta capacidad. Incluso se ha visto que ésta capacidad se hereda entre familiares.
Desde los años sesenta se han desarrollado investigaciones muy importantes que demuestran a las claras éstas afirmaciones. Se hicieron primero dos o tres estudios, sobre todo en países escandinavos, a partir de guías biográficas de personajes célebres; tras recoger las personas célebres en arte, se buscó a sus familiares –como eran países pequeños era fácil porque no había mucha inmigración–, y se pudo observar hasta qué punto existía genialidad en las familias. Los datos se comparaban estadísticamente con los de otras personas no dotadas excepcionalmente para el arte y se comprobaba la existencia o no de una diferencia. La conclusión fue la clarísima existencia de artistas dentro de los familiares, pero más especialmente entre literatos y poetas. En los últimos veinticinco años hay estudios realizados por mujeres que avalan esta idea. Uno de ellos es de Nancy C. Andreasen (Universidad de Iowa), que estudió un taller de escritores de Iowa en el que los mejores escritores jóvenes de Estados Unidos son becados para facilitarles estudios específicos orientados a escribir. En esta población tan escogida se estudió la presencia de depresión, alcoholismo o psicosis en ellos y en sus familiares, y con la misma metodología se comparó la presencia de esas características en otra población de estudiantes distinta. La investigación demuestra a las claras que es muchísimo más frecuente estadísticamente la presencia de familiares con patologías de alcoholismo y de depresión, sobre todo en los escritores.
Estadísticas aparte, ¿podemos rechazar "a priori" a W. Faulkner, E.A. Poe, E. Hemingway, S. Marai y un largo etcétera, por ser alcohólicos, suicidas o enfermos mentales?
Creo que podría ser un tema interesante para próximas reuniones.
Por cierto, antes de que acabe el año tenemos que dedicar un monográfico a E. A. Poe, ahora que se cumplen los 200 años de su nacimiento.

En cuanto a las propuestas para el próximo mes estoy encantada, espero empezar mañana mismo con "El grupo", estaba deseando leer a McCarthy, y con respecto a Philip Roth, siempre supone un placer, aunque según he leído, ésta última novela es una obra menor.
Por cierto Ana, me han llamado de la biblioteca para que pase a recoger "La piel del lobo", deben disponer de varios ejemplares. ¿La has leído ya?
Muchas buenas lecturas para todas y hasta pronto.