sábado, 7 de febrero de 2009

Mis diez mandamientos de la edición literaria

En el blog La senda de los libro aparece ésta entrada (es de hace un par de años) que me ha parecido interesante, además de original y divertida. Yo estoy totalmente de acuerdo. ¿Que os parece a las demás?. Venga ánimo, a ver si las más prudentes nos vais acompañando en ésta nueva experiencia.

http://sendalibros.blogspot.com/Mis diez mandamientos de la edición literaria

Mis diez mandamientos de la edición literaria.

Más allá del catálogo de una editorial (esto es, de la calidad específica de las obras que ofrece), el oficio de editor es un trabajo que requiere de unos principios escrupulosos para que la bondad de los textos se acompañe también del buen hacer en la composición de los libros. Los lectores impenitentes también somos exigentes en ese sentido, y estos son mis diez mandamientos esenciales para todo volumen de creación literaria:

1. No harás portadas grandilocuentes. Por la tapa se sabe lo que hay detrás: a más color y tipografías más grandes, contenidos menos sustanciales. Una portada debe identificar de manera inmediata la editorial a partir de un diseño reconocible. Hay clásicos rotundos en este sentido (Anagrama, El Acantilado, Tusquets, algo menos Alfaguara) y nuevos que recogen el mismo espíritu (Libros del Asteroide). Pero muchas editoriales jóvenes, para romper esquemas, utilizan gráficos pretendidamente modernos que sólo despistan al lector y jamás logran identificarse como sello.

2. No se deshojarán las páginas en tus manos. Es una vieja acusación contra Anagrama, totalmente infundada. Jamás me ha ocurrido nada parecido, pero veo en el metro a lectores que doblan los libros de tal manera que no me extraña que lleguen a los últimos capítulos con varios fascículos en las manos. Sí me ocurrió alguna vez con Lumen, pero sólo al cabo de dos relecturas. Ciertamente, el hilo cosido ya es casi un anacronismo y casi todos acuden a la socorrida cola de pegar.

3. Harás solapas con información del autor. Y si es posible, con foto. Nada peor que iniciar un libro y no encontrarse con una pequeña biografía y la lista de obras imprescindibles del autor. Es un detalle para el lector, un guiño necesario para decirle que lo suyo no es cosa de un día y que después de ese volumen hay más vida. Es la gran pérdida de todo libro de bolsillo, pero hay un uso muy extendido de la solapa en toda buena colección en rústica.

4. Los libros tendrán tamaños manejables. Otros prefieren tipografías de tipo 12 o 13, con lo cual toda novela extensa se convierte en un inmanejable mamotreto. Siempre preferiré una letra pequeña y un tamaño que se adapte a mis manos y que no me obligue a apoyar el libro en alguna parte para descansar. Hay casos curiosos de crecimiento sostenido, como Planeta: es muy gráfico comparar el tamaño de sus premios desde Terenci Moix hasta nuestros días: cada tres o cuatro años los libros crecían unos centímetros, al mismo tiempo que iba creciendo la insulsez de los textos que contenían.

5. No pondrás los índices al principio. Uno de los mandamientos más vulnerados: hay un contagio extendido entre las editoriales por insertarlos al principio, cuando deben ir irrevocablemente al final. Es un contagio, a su vez, de las revistas de quiosco, que en su caso sí es lógico que mantengan ese orden. Pero un libro no es el Muy Interesante: el lector debe entrar en la obra sin muletas, con el cuerpo liberado y la mente en blanco, sin saber que hay capítulos, partes u otras divisiones, sin conocer la extensión de las mismas, sin intuir el orden impreso por el autor: hay que caminar a ciegas hasta donde nos quieran llevar. Anagrama se mantiene como un mohicano solitario frente al magma invasor.

6. No pondrás las notas al final. Al revés que en el mandamiento anterior, las notas deben ser sacadas de su oscura discriminación en las últimas páginas e incorporadas a pie de página, para que puedan ser leídas (o no) al ritmo de la lectura. Nada hay más engorroso que ir pasando páginas atrás y adelante para recibir más información sobre lo que uno lee. El Reino de Redonda ha caído en este error. [Mención aparte merecen los ensayos, que no se incluyen en estos mandamientos literarios].

7. Dejarás los márgenes superiores limpios. Los márgenes deben resplandecer en su blancura, ya que para eso fueron creados. Varias editoriales inscriben en cada página el título del libro (¡como si no supiéramos a cada rato lo que estamos leyendo!) o el nombre del autor. El Acantilado persiste en este vacuo empeño. Lo único que debe contener un margen es el número de página, preferiblemente en la parte inferior, y nada más.

8. Comenzarás cada capítulo en página impar. Cada capítulo, porque así lo ha decidido el autor, es un alto en el camino, y el editor debe respetar esa banca, esa hamaca colgada entre los árboles, haciendo su trabajo: dando un respiro al libro y dejando (si hace falta) una página par en blanco. No hacerlo también induce a pensar en la tacañería del jefe, que quiere ahorrarse papel.

9. Redactarás con esmero el resumen de contraportada. El clásico en esta línea es Roberto Calasso, creando pequeñas piezas maestras de concisión para resumir el contenido del libro. La información debe ser la necesaria para dotar de una atmósfera apetecible su lectura, apoyándose en la medida de lo posible en la literatura comparada, creando redes con otras obras y añadiendo algunas frases de críticos que ya hayan opinado sobre ella. De todas formas, un mandamiento del lector debería ser no leer jamás una contraportada hasta el final, y comparar así su punto de vista con el expresado en ese texto: un ejercicio muy recomendable.

10. Te mantendrás fiel a tus principios. Cuando una editorial cambia de diseño cada pocos años le está diciendo al lector que su producto sigue las modas y no unos principios creativos establecidos desde el día de su fundación. A lo peor, es una muestra de que el diseño era claramente equivocado. Y nada debe haber más estimulante para un editor que llegar a una biblioteca doméstica y reconocer a simple vista el fruto de su trabajo en las estanterías, por los lomos: prueba fehaciente de que el lector también se habrá mantenido fiel a un catálogo determinado y a una manera agradable de leer.

jueves, 5 de febrero de 2009

Murakami: otros

The wind-up bird chronicle
Tokio blues - Norwegian wood
Al sur de la frontera, al este del sol
Sputnik sweetheart
Kafka on the shore
Sauce ciego, mujer dormida
After dark

miércoles, 4 de febrero de 2009

McEwan: On Chesil Beach

Lo he cogido hoy de la biblioteca (no me dí cuenta al pedirlo de que estaba en inglés). Lo llevo el viernes a la cena para echarle un vistazo.

Murakami: After dark

Muy de acuerdo con la opinión de pjorge:
Cuando leí After Dark por primera vez, hará un año, me quedé con la impresión como si alguien hubiese escrito una novela de Haruki Murakami y luego hubiese retirado cuidadosamente la parte de novela. Y no es una crítica, es un elogio. El resultado se me antojó impresionante y mágico, una especie de obra poética, donde personajes entraban y salían del escenario, se encontraban, hablaban –diciendo más de lo que pretendían- y se separaban. Todo limitado por la noche, desde poco antes de las 12 hasta poco antes de las 7 de la mañana. No importaba tanto lo que pasase después con esos personajes, sino simplemente lo que les había sucedido en su periplo nocturno, que es –estamos hablando de Murakami- un viaje al otro lado.
Releyéndola ahora en español, parte de esa percepción persiste, pero algo más matizada. Muchas de las cuestiones planteadas en la novela no tienen final dentro de la obra, pero alguno detalles muy importantes, relativos a los sentimientos de los personajes, sí que se aclaran. Pero me resultó especialmente llamativo que muchos personajes los recordaba con papeles mucho más importantes y ocupando más espacio en la narración. Sin embargo, no es así. Algunos de los más llamativos aparecen sólo durante unas pocas páginas, pero están tan bien definidos que reclaman más páginas en el recuerdo.
La novela arranca con un narrador –que finge no ser omnisciente y lanza conjeturas continuamente- que nos guía desde las alturas hasta el mundo de la ciudad nocturna. Es la primera de las transiciones al otro lado, habituales en las novelas de Murakami, pero con algunas variaciones. En primer lugar, porque vamos acompañados. En segundo lugar, porque quizá no haya otro lado.
Descendiendo, nos fijamos en una persona como podría haberse escogido a cualquier otra. Se trata de Mari, una joven estudiante que muy tarde ocupa la mesa de un café, leyendo. De pronto, frente a ella se le sienta Takahashi, músico que va a ensayar con su banda. Resulta que Takahashi la ha reconocido: se encontraron unos años antes, en una cita doble con la hermana de Mari, Eri, una joven de espectacular belleza que tiene su propia peculiaridad: lleva dos meses durmiendo continuamente sin querer despertar. En cualquier caso, ellos dos, y casi todas las personas que les rodean, están bloqueados en ese barrio –los trenes han dejado de salir-, barrio que tiene reglas distintas durante la noche.
Y así arranca todo. Los personajes hablan, a medida que ganan confianza examinan sus situaciones vitales y se revelan secretos, se levantan, van a otros sitios, alimentan gatos o se cruzan con otras personas. Como Kaoru, la encargada de un “love hotel” por horas llamado “Alphaville”, que pide ayuda para atender a una prostituta china –de la misma edad que Mari- agredida brutalmente por un cliente. Un cliente que también trabaja en ese mismo barrio y que se afana con sus propias rutinas nocturnas. Y mientras tanto, Eri duerme en su habitación, hasta que ella también pasa al otro lado sin darse cuenta.
La novela está construida con un juego virtuoso de paralelismos y encuentros. Hay personajes que repiten sentimientos expresados por otros, hay encuentros fortuitos y cruces que nadie percibe. Hay marcas de leche que se llaman casi como un personaje. Hay mensajes que no alcanzan a su destinatario pero que valen casi igual para la persona que los recibe. Y se entrevé en varios ocasiones el otro lado, un lugar que percibiríamos si atendiésemos unos segundos al espejo o si nos paseásemos unas horas por un barrio nocturno, donde las reglas son diferentes y el tiempo fluye de otra forma. Es más, incluso es posible que la barrera entre mundos –por ejemplo, las barreras que separan los mundos personales de los protagonistas- no sean tan infranqueables como parecen, que sean tenues hasta rozar la inexistencia, que algo de empatía nos permita comunicarnos. Y una vez pasado al otro mundo, ¿es posible volver siendo la misma persona? ¿Es posible comunicarse y no cambiar tu propio mundo?
After Dark es como un sueño y transcurre en las horas que deberíamos estar soñando. Es una especie de viaje de Alicia, que llega a un lugar distinto que sin embargo refleja su realidad (por salir, incluso sale una peculiar reina de corazones). No sucede nada realmente fantástico, excepto lo que la pasa a Eri, que bien podría ser un sueño propio, pero dentro de una novela de Murakami, los normal es de por sí suficientemente fantástico.
En realidad, After Dark va de algo, pero eso es lo de menos. Es ante todo una experiencia, una novela escrita para disfrutar del hecho de leerla y pasar un tiempo con los seres que la pueblan. La segunda vez tanto como la primera.
Leido en poesiamas
After Dark es la nueva novela del genial novelista japonés Haruki Murakami. Ya había tenido la oportunidad de leer dos obras suyas anteriores, Tokio Blues y Kafka en la orilla, al que había considerado como uno de los mejores narradores de los últimos años, a la altura de talentos como el de Javier Marías, Eduardo Mendoza, Paul Auster o Cormac McCarthy, por nombrar algunos.
Las críticas que ha recibido After Dark han sido excelentes; subrayan su carácter poético, el paralelismo de planos y ese surrealismo y el realismo hiperrealista que abunda en su prosa. La novela transcurre en el curso de una sola noche.
La novela, como nos tiene acostumbrados Murakami, plantea varias pregunta sin responder, pero sin duda deja un aroma a talento, a narrador colosal, a un tipo que embruja vidas ajenas para, llevadas por su prosa, entremezclar mundos y sensaciones. La novela es como una caída. Los personajes hablan, a medida que ganan confianza examinan sus situaciones vitales y se revelan secretos, se levantan, van a otros sitios, alimentan gatos o se cruzan con otras personas: en Murakami lo real es sueño, y el sueño real, porque nosotros, en las horas que transcurre la novela, deberíamos estar durmiendo. O soñando el sueño que viven los personajes de Murakami. Genial narrador.

La opinión de Ted Gioia
Haruki Murakami’s After Dark takes place over the course of seven hours during an autumn night in Tokyo. From midnight to dawn we follow five lost souls: a woman in a quasi-comatose state; a jazz musician at an all-night practice session; a prostitute assaulted at a “love hotel”; a salary man working late on a software project; and a 19-year-old girl looking to escape from the tension of her strained home life. Before the sun rises, each of these stories will intersect with the others.
Murakami has long been admired for his depiction of the isolation and loneliness of modern Japanese life. Some have lauded him as the J.D. Salinger of Japan. Murakami has even translated The Catcher in the Rye into Japanese, and his breakthrough novel Norwegian Wood captured some of the spirit of that coming-of-age classic. Norwegian Wood sold four million copies, and struck a resonant chord with a younger generation of Japanese readers. After Dark focuses on a similar theme of Japanese youth struggling to reconcile their ideals with the stultifying conformity of the surrounding culture.
But the comparison with Salinger fails to do justice to the peculiar, surrealistic tone of Murakami’s fiction. Readers of Kafka on the Shore, Murakami's best known work in English translation, will recall fish falling from the sky, a man who could converse with cats, and various other bizarre touches. After Dark evokes a similar dream world ambiance. People disappear into television sets, or find that their image remains in the bathroom mirror even after they have left the room.
Murakami focuses, in his words, on “the secret entries into darkness in the interval between midnight and the time the sky grows light,” a time when “no one can predict when or where such abysses will swallow people, or when or where they will spit them out.” Much of the power of his stories comes from the paradoxical quality of their settings, which at one moment seem intensely realistic, but the next instant have veered off into a mysterious alternative universe.
Much of After Dark will be familiar, even to the Western reader. The book starts in a Denny’s, and along the way we visit a 7-Eleven, check out TV shows, and listen to rock and jazz music. But these are all part of Murakami’s elaborate set-up. The moments of normalcy never last long in his narratives.
Murakami’s willingness to twist and turn his plots in strange directions is reminiscent of the work of French director Jean-Luc Godard. It is perhaps significant that the love hotel in After Dark is called Alphaville, the name of Godard’s inspired 1965 film. In this movie, Godard presented a dystopian sci-fi world in which no special effects were used and the sets were Parisian streets. The strange planet, in essence, was very much like our own.
Murakami achieves a similar effect here. His After Dark is a potent and disturbing work, one that is all the more effective for the familiar aspects it presents. He reminds us that the essence of horror in the post-modern narrative is not some gothic extravagance, but the realities that await us outside our doorstep.

Mankell: El chino

Lo he acabado hoy. Y como sé que entre nosotras hay muchas admiradoras e Mankell, igual podemos comentarlo también el viernes. Al haberlo leido justo después de Milenium 3, me gustaría que comentasemos las diferencias entre los dos autores suecos. ¿Cual os gusta más?

He disfrutado mucho leyendo El chino, pero me parece que hay partes que chirrian un poco. Una duda : ¿porqué cuando llega a China la investiga la policia? Además, como dice Jafuda Cresques, "la investigación en sí tampoco es demasiado interesante, está basada en la casualidad y no en la capacidad de deducción de su protagonista".

En cuanto a la trama socio-política, me parece un poco cogido por los pelos el tema de la colonización de Africa por parte de China. Esas referencias a las ricas tierras africanas sin explotar no me parece muy realista. Si fueran tierras tan ricas para los agricultores, ya estarían explotandose, ¿no?

Interesantes los comentarios de Brigantinus sobre el libro.

¿Os parece que Mankell está asustado, tal como dice la Vanguardia?

Lo mejor será preguntar al mismo Mankell.

martes, 3 de febrero de 2009

Información sobre Le Clezio

Dado que se acerca la fecha de la cita, aqui va información adicional sobre Le Clezio, facilitada por Concha:

Ya comentaremos que os parece

domingo, 1 de febrero de 2009

Roberto Bolaño es nominado al Premio del Círculo Nacional de Críticos de los Estados Unidos


La bolañomanía en los Estados Unidos no ha bajado su intensidad. Prueba de ello es que, de manera extraordinaria, el Círculo Nacional de Críticos del Libro de los Estados Unidos ha incluido a Roberto Bolaño en la lista de finalistas para el National Book Critics Circle Award (Premio del Círculo Nacional de Críticos del Libro).
La nominación la anunciaron el sábado y se hace por su novela 2666 que, como ya mencionamos en post pasados, ha estado en las principales listas de ventas y fue declarada la novela del año 2008 por la revista Time.
Este galardón es uno de los más prestigiosos de los Estados Unidos y se entrega en varias categorías: ficción, general, no ficción, poesía, biografía, autobiografía y crítica. Bolaño, por supuesto, concursa en el apartado de ficción. Entre los demás concursantes de esa categoría están Marilynne Robinson con su novela ‘Home’; Straus Aleksandar Hemon por ‘The Lazarus Project’; M. Glenn Taylor por ‘The Ballad of Trenchmouth Taggart’ y Elizabeth Strout por ‘Olive Kittredge’.
(Del blog http://www.papelenblanco.com/)